Mención de honor en el concurso de cuento: Historias
en yo mayor 2016
Por: José Vicente Rubio
Corría el año de 1957; yo era el más pequeño de nueve hermanos y cuatro de
ellos eran hombres y me llevaban varios
años. El mayor, que se llamaba Hernando, había leído y estudiado revistas de
mecánica popular desde los siete años y ya sabía muchas cosas sobre electricidad.
Una de las cosas que se le ocurrió cualquier día, mientras desarmaba
un radio inmenso de tubos que producían una chispa interna, fue que nos
pegáramos de uno de los botones de encendido para “disfrutar” de los efectos de
la corriente eléctrica.
Escuchándolo, por esos días también me obsesionaba la corriente
eléctrica y por sus historias me imaginaba una cantidad de electrones,
corriendo en fila india y transportando la voz de los locutores de la radio.
Esto me había ayudado a superar la idea
que tenía alguna gente de que esos señores - casi todos eran hombres- estaban
por ahí escondidos detrás del radio o dentro de él; al fin y al cabo el radio
era inmenso.
Un día Hernando me propuso que convenciera a todos mis hermanos de
tomarse de las manos mientras uno agarraba la saliente metálica que quedaba
expuesta al quitarle el botón plástico al encendido del radio.
Yo estaba emocionado y me fui a contárselo a todos con tal seriedad
que los convencí y a las 7 de la noche,
después de rezar el rosario y antes de la novela radial: “Kadir el árabe” - que
escuchábamos todos observando el radio como si
estuviéramos viendo lo que ocurría- comenzamos lo que para mí fue una de
las experiencias más importantes de la niñez.
