miércoles, 19 de octubre de 2016

LA CORRIENTE INFERNAL


Mención de honor en el concurso de cuento: Historias en yo mayor 2016
Por: José Vicente Rubio

Corría el año de 1957; yo era el más pequeño de nueve hermanos y cuatro de ellos eran hombres y  me llevaban varios años. El mayor, que se llamaba Hernando, había leído y estudiado revistas de mecánica popular desde los siete años y ya sabía muchas cosas sobre electricidad.

Una de las cosas que se le ocurrió cualquier día, mientras desarmaba un radio inmenso de tubos que producían una chispa interna, fue que nos pegáramos de uno de los botones de encendido para “disfrutar” de los efectos de la corriente eléctrica.

Escuchándolo, por esos días también me obsesionaba la corriente eléctrica y por sus historias me imaginaba una cantidad de electrones, corriendo en fila india y transportando la voz de los locutores de la radio. Esto me había ayudado a  superar la idea que tenía alguna gente de que esos señores - casi todos eran hombres- estaban por ahí escondidos detrás del radio o dentro de él; al fin y al cabo el radio era inmenso.

Un día Hernando me propuso que convenciera a todos mis hermanos de tomarse de las manos mientras uno agarraba la saliente metálica que quedaba expuesta al quitarle el botón plástico al encendido del radio.

Yo estaba emocionado y me fui a contárselo a todos con tal seriedad que  los convencí y a las 7 de la noche, después de rezar el rosario y antes de la novela radial: “Kadir el árabe” - que escuchábamos todos observando el radio como si  estuviéramos viendo lo que ocurría- comenzamos lo que para mí fue una de las experiencias más importantes de la niñez.