martes, 4 de septiembre de 2012

De José Espinal


Al desgaire te cuento que el marinillo era la admiración por su resistencia física. Creo que nadie pudo ganarle una carrera y menos una trotada; a todos nos iba dejando regados a la vera del camino mientras seguía impávido, casi sin darse cuenta del trecho que nos llevaba.

Otra. Tuve ocasión de visitarlo cuando le hicieron una operación de pulmón, en el hospital San Vicente de Medellín. Allí recordamos algunos episodios cejeños y nos reímos de algunas pilatunas que estos queridos aspirantes le hacían al Sr. Espinal. Pero no se libraban de hacer oficios y llegar donde el ministro marinillo que con un sola mano hacía llorar esos trapiadoresque supuestamente venían superescurridas.
De su bondad y humildad y desprendimiento te darán cuenta otros contertulios
La última vez que quise saludarlo en el Sufragio se nos escapó, después de concelebrar en la fiesta de Don Bosco.

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