Al desgaire te cuento que el marinillo era la admiración por
su resistencia física. Creo que nadie pudo ganarle una carrera y menos una
trotada; a todos nos iba dejando regados a la vera del camino mientras seguía impávido,
casi sin darse cuenta del trecho que nos llevaba.
Otra. Tuve ocasión de visitarlo cuando le hicieron una
operación de pulmón, en el hospital San Vicente de Medellín. Allí recordamos
algunos episodios cejeños y nos reímos de algunas pilatunas que estos queridos
aspirantes le hacían al Sr. Espinal. Pero no se libraban de hacer oficios y
llegar donde el ministro marinillo que con un sola mano hacía llorar esos
trapiadoresque supuestamente venían superescurridas.
De su bondad y humildad y desprendimiento te darán cuenta
otros contertulios
La última vez que quise saludarlo en el Sufragio se nos
escapó, después de concelebrar en la fiesta de Don Bosco.
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