jueves, 1 de noviembre de 2012

El premio por ‘tragar un sapo


Por: Jaime Tabares
Creo que corría 1957 cuando el superior de los salesianos visitó la obra de la comunidad en Colombia.  Si mi memoria no me falla, cosa totalmente posible, se trataba del Padre Renato Ziggiotti.  En esa época existía una sola Inspectoría que respondía por la obra en todo el país.
En el Aspirantado surgió el natural interés por esa visita; no estoy seguro, pero creo que se trataba de la primera vez que el Rector Mayor de la comunidad visitaba a los salesianos de Colombia.

Como era de esperarse, los salesianos integrantes de la comunidad en La Ceja se prepararon para asistir a esa visita, en especial para participar en una reunión con el Rector Mayor en el Colegio Salesiano del Sufragio, en Medellín.  Con tal propósito, organizaron un concurso de declamación entre los alumnos del Aspirantado, con la idea de que el ganador le declamara al Rector Mayor en un acto solemne que se realizaría en el transcurso de la reunión en Medellín.

Con entusiasmo y bajo la coordinación del Padre Renato Cavallo, un grupo de alumnos nos dedicamos a preparar poemas de nuestra propia elección.  Las fuentes para inspirarnos no eran muchas: una colección de libros de poemas y otros escritos: Prosa y Verso, creo que editada por el Padre Miguel Mariño (aún conservo 5 volúmenes); y el texto de Literatura, que seguíamos en el curso del mismo nombre: Panorama de la Literatura Universal, por Nicolás Bayona Posada.  En el texto de Literatura había dos poemas que me habían llamado la atención: uno de José Asunción Silva (Nocturno III – Una noche) y el otro de Adolfo León Gómez (Creo que se titulaba: “El mal de los recuerdos”).

Algún motivo especial me llevó a seleccionar el poema de Adolfo León Gómez, lo más probable fue debido a su rima libre.  Mis compañeros de contienda seleccionaron poemas de la colección “Prosa y Verso”, casi todos ellos escogidos entre aquellos indicados para actos solemnes.

Con mucha dedicación me di a la tarea de memorizar y ensayar el poema de Adolfo León, en forma privada, ante un grupo de los más cercanos; entre ellos siempre estuvieron Gabriel Bernal y José María Huertas, pero no eran los únicos.  Para mi lo más importante era ponerle sentimiento a la declamación, así no fuera un exégeta del contenido del poema, mucho menos a esa edad.

Llegó el día de demostrar nuestras capacidades en el arte declamatorio.  En ese entonces, se colocó una tarima en donde era el comedor de los alumnos y se arregló el salón a modo de teatro. Y desfilamos uno a uno quienes habíamos decidido participar en ese “reality”.
Cuando me correspondió el turno, declamé el poema seleccionado, del cual sólo recuerdo algunas líneas, aunque tengo dudas de su exactitud:

viernes, 28 de septiembre de 2012

El frío lago nos arropó


Por: ErnestoBlandón Rey

Evocar las mañanas en el aspirantado da frio, recordarlas desde este hoy, puede generar una leve sonrisa. Eso es importante

El frío del lago nos arropó, con su acogedora agua que nos esperaba todas las mañanas. Ese día parecía que el sol había salido más rápido y que la temperatura cambiaría. A un lado de las escaleras que van al dormitorio que queda en un segundo piso, algunos hacen fila para bañarse con el agua de las duchas, que igualmente fría,  calaba hasta lo más profundo de los huesos en aquellos adolescentes todavía a medio dormir.  El baño había que hacerlo rápido: mojada, enjabonada y juagada en segundos,  para salir como alma que  lleva el diablo en busca de la toalla y salir corriendo por las escaleras para vestirse lo más rápido posible y hacerle el quite al frio que hacia temblar hasta los labios. 

El Señor  Lucas en la celda que quedaba en uno de los extremos junto a la ventana, mirando a una cancha de básquet que queda junto  al jardín donde estaba un busto de Don Bosco sobre un gran globo terráqueo hecho de cemento, vigilaba atento para que todo se hiciera bien y con el debido orden. Ese saludo inicial al levantarnos: “Tu autem Domine miserere nobis” y ese “Deo gratias”, respuesta  a coro de quienes aún dormidos, ya estábamos en pie,  indicaba que por gracia de Dios un día nuevo había empezado. En su puesto con su negra sotana, estaba pendiente de todo, tenía la gracia de la amable autoridad, certera y paciente. En aquella media hora todo tendría que quedar debidamente, camas tendidas y cómodas ordenadas. Afuera en el patio central entre el templo y la casita de los padres, donde quedaba la oficina del Rector, el padre Oscar, arropado con una ruana blanca en un caminar mesurado y reflexivo leía un libro. Rezaba, era su oración matutina.

La campana dejó su toque en los oídos, era el santo y seña para pasar al estudio, por un corredor - balcón desde donde se mira el valle de la Ceja del Tambo ese hermoso lugar adornado con relámpagos y centellas en las noches de invierno.  En aquel salón de pupitres debidamente ordenados, nos sentábamos observados por la mirada atenta del Padre Mario, pero de una bondad particular. Siempre estaban ahí, vigilantes para que le semilla del amor de Dios sembrada, no se estropeara. Algunos completaban los  minutos faltantes de sueño, otros leían algún libro sobre todo los diarios o las “oraciones para rezar por la calle” del  Michel Quoist,  u otra actividad, pero en sus puestos.  Afuera los trinos y vuelos de aves citadinas, los siete cueros sembrados al lado de la casa de las monjas, y el sonido del tractor nos recordaba a don Ramón, un hombre silencioso y servicial entregado totalmente al servicio, en él veía al Padre Mascagne “amiguito necio”, alto y fornido, con su sotana desgastada  por el trabajo del establo, había dejado su querida Italia para servir en el silencio de aquel lugar; hacia poco había partido para el cielo. 

Dejamos el estudio, ese espacio donde tratábamos de concentrarnos, la Eucaristía nos esperaba. El órgano de tubos, tocado magistralmente por Atehito, un chico de la verada de Santa Elena, entonaba  el “Vayamos jubilosos” El Padre Oscar tan jovial como siempre, nos miraba y animaba, “in persona Christi” era su semblante, revestido con los ornamentos sagrados, nos invitaba a la mesa Eucarística. Atrás, el Padre Leguitos, atendía en confesión.  Adornado con una elegancia particular, el lugar que nos convocaba era diferente a todos, el elocuente silencio, María Auxiliadora y Don Bosco es espacios o laterales al altar y el Santo, Santo, Santo en un ritmo de bambuco, que perdura a lo largo de los años en quienes a lo largo de los años no podemos olvidar la “Maravilla Dei” en ese lugar en donde él mismo en la presencia de los Salesianos, se ha querido encontrar con nosotros. 

En el comedor hay movimiento, las hermanas, esperan aquella mañana, que lleguen tan distinguidos comensales a contemplar el gesto providente de Dios, en el desayuno que han preparado. 

Un abrazo para todos

miércoles, 5 de septiembre de 2012

De Ernesto Blandón

EL MARINILLO EN LA ESCUELA DE PIEDRAS

El momento de partir


Evocar esos momentos vividos a quien  en su momento hizo parte de nuestras vidas, es un llamado a la gratitud, por todo lo que ha sellado. No en vano nos encontramos con las personas, pero Octavio, uno de nosotros, tuvo algo particular, su constante sonrisa, la cercanía sin distinción, la disposición para trabajar, su buen ánimo para todo lo que significara servicio.

La fe es práctica y “El marinillo Duque” fue unos de esos escasos representantes, en esas cosas sencillas donde tenía que estar, obviamente su alma de campesino no lo abandonó nunca por eso ese “dejad que los niños vengan a mi” se encarnó en su vida. En Junio del 70 con el Padre Octavio, fuimos a una misión a la escuela de Piedras, íbamos con el Sr Toro, nuestro amigo  Luis Alfonso, Juan Carlos Escobar, Raúl Montoya (qed), José Domingo Ospina (qed), y nuestro querido Octavio Duque. Las cargas eran para aquel momento abundantes, pues la misión era preparar a unos niños para la primera comunión.
El Marinillo con los niños de la Escuela

Salimos temprano del aspirantado y emprendimos la caminada hacia pantanillo, creo que así se llamaba la escuela que quedaba a lo alto de esa empinada carretera que tantas veces recorrimos para las olimpiadas, y emprender el descenso por el tornillo. Los dos Octavios, eran los que llevaban en peso las cargas. Al llegar a la escuela de Piedras en el Guaico, después de pasar el rio, que baja de Abejorral, una pequeña edificación de dos salones, vimos la realidad; ni camas, ni comida, niños a pie que iban y venían por esos lugares de vegetación providente y campesinos generosos quienes junto con la maestra nos atendieron con especial cariño La alegría era mucha y la disposición del Marinillo, notoria. No hacia reclamo alguno, simplemente animaba, era su semblante natural, pues la fe es humilde ni tiene por menos a los otros. Era de Octavio a Octavio, del maestro al el discípulo, tocados por el amor de Dios para darlo en abundancia. Los días pasaron, fueron 4, si no recuerdo, hicimos reuniones con padres de familia, preparamos a niños y niñas y al final la Eucaristía. De esto es testigo Luis Alfonso, todavía lo veo comiendo aguacate con leche en polvo; éramos así de descomplicados y en los bancos que estarán en alguna parte, pasamos las tres noches, acostados de lado pues si nos movíamos, ¡pum! Al frio suelo caíamos.
La Escuela

El regreso fue como subir el Everest, sobre todo con las cargas que traíamos, ese bendito tornillo era interminable, hasta que llegamos arriba a la escuela de pantanillo, caminamos hasta la carretera y allí nos recogió un bus escalera que iba para la Ceja.  Fue un momento, uno de tantos, vividos en aquel lugar tan maravillosos del aspirantado donde las presencias tenían un encanto especial sostenido personas maravillosas que nos hacían presente de una manera humilde y servicial, el amor de Dios.
El Marinillo tocando Trombón
(Adivinen quién es el Maestro y quiénes son los músicos)

De Roberto Chica


Aprovecho de una vez para contarles mi mencionada anécdota, que tiene que ver con nuestros paseos semanales: Como todos recordaremos, los miércoles por la tarde eran dedicados a hacer las famosas caminatas, disfrutando de los variados paisajes que tiene el municipio de La Ceja. Estas caminatas se convertían en paseo de día entero cada mes, cuando hacíamos el ejercicio de la Buena Muerte. Aquí debo hacer un paréntesis para comentar que, anexo a este correo, les estoy enviando las famosas oraciones que recitábamos en estos tenebrosos días y que nos trasnochaban a más de uno, pensando que de pronto fuéramos tan de malas, que nos ganáramos la última intención: "por aquél de nosotros que haya de morir primero".
En aquellas largas caminatas, que más que caminatas eran maratones, especialmente en los paseos de día entero, a los que no teníamos la resistencia física de los grandes atletas como Miro, Mario Danilo, Villegas, el mismo Marinillo Duque y tantos otros de inacabable ritmo al trotar, nos tocaba pegarnos de cuanta quebrada encontrábamos para calmar nuestra sed y tratar de recuperar un poco nuestras perdidas fuerzas.
Como resultado beber en estas zonas de hidratación no controladas, este estomaguito, que fue cuidado con esmero durante mis primeros doce añitos por doña Guillermina, se fue llenando de amibas (amebas dirán don Caloso y el Mono Acosta), hasta el punto que se enquistaron en mi pobre humanidad agobiada y doliente, y les dio por hacer fiesta conmigo, especialmente durante las noches, no sé si influenciadas por el frío que nos invadía en el dormitorio.
Tanto me quejaba de esos benditos cólicos, que una noche a alguien se le ocurrió mencionar que el Marinillo Duque preparaba unos menjurjes sanalotodo, con unas yerbas que él traía del monte. Y tocó despertarlo y preguntarle si hacía la caridad de preparar la milagrosa agüita aromática. El Marinillo sin chistar, se puso las botas, se terció su famosa ruana café y se fue a buscar la medicina. Al rato, apareció con una taza que contenía una bebida oscura y muy caliente. Cuando fui capaz de tomarla, sólo tuve que esperar unos pocos minutos para comprobar que efectivamente ésa era una poción milagrosa.
Desafortunadamente para mí y para el Marinillo Octavio, esta función tuvo que repetirse varias veces, hasta que hizo efecto un tratamiento, del cual no quiero ni acordarme, al que me sometieron don Rober y doña Guillermina, después de que me llevaron a consulta con un médico en Medellín.
Lo que más recuerdo de esta historia, es que, con la vergüenza que me daba tener que despertar al Marinillo, lo único que yo acataba a decir cuando le daba las gracias, era que lamentaba mucho que él se tuviera que levantar a altas horas de la noche a conseguir mi medicina, pues la condición para sanar, según el mismo lo expresaba, era que las ramas estuvieran fresquitas.
Y la respuesta de él, era siempre la misma: "¿Vos es que sos bobo, bobito?
Un abrazo,
Rober.

martes, 4 de septiembre de 2012

De Gustavo Jaramillo


Leyendo entre líneas, me doy cuenta de que debo ser de los ex más veteranos: la impresión que tengo es la de que muchos de quienes aparecen en esta lista son edición posterior al 63 pues, a pesar de que mantengo perro bravo para ahuyentar al alemán, no consigo traer a mi mente la imagen de la mayoría.

Muchas gracias por compartir anécdotas tan amables, de épocas lejanas en el tiempo pero vívidas en el recuerdo; espero que el fufo, Centavito y JT se manifiesten pronto y continúen haciéndolo con frecuencia: de ellos me consta que tienen memoria privilegiada y humor fino cuando de contar anécdotas se trata.

Quiero proponerle al grupo que nos unamos para sacar adelante alguna de las obras "in pectore" que tenga la Comunidad Salesiana, ya sea para el Aspirantado, el Noviciado o el Filosofado; como dice el refrán, obras son…

Abrazo de ex, por siempre agradecido con los Salesianos. Que Don Bosco y María Auxiliadora nos tengan siempre de su mano.
Gustavo

De Mario Danilo Córdoba

Mi inolvidable compañero Salesiano y amigo "EL MARINILLO OCTAVIO DUQUE".

Atendiendo a la genial idea de crear un blog  sobre las vivencias con uno de los personajes mas representativos de nuestra "Comunidad Salesiana San Luis Beltran" "EL MARINILLO",
 me uno a este significativo proyecto y felicito a los gestores del mismo.

Aunque me encuentro viviendo en Las Vegas USA desde hace 10 años,  nunca  he perdido contacto con mis excompañeros y amigos de La Ceja, y menos con mi amigo "MARINILLO", con quien hable telefónicamente un mes antes de su muerte.

Empiezo por comentar que fuimos compañeros desde que empezamos en 1967 en el Aspirantado, y uno de los que mas conoció y compartió con el MARINILLO hasta 1975 (Aspirantado, Noviciado, Filosofado y Tirocinio).  Recordemos por etapas:

ASPIRANTAD0

Desde que inicié el aspirando en 1967 hasta que nos graduamos en 1970 pude compartir con el MARINILLO muy de cerca y al lado de muchos formadores valiosísimos como los Padres Oscar Posada, Juan Andrés Diaz (mi primo), Octavio Pérez, Jaime Escobar, y los Asistentes José Espinal, Vicente Parra y muchos mas.

Durante este tiempo pude compartir con el MARINILLO, muchas cosas  en el estudio,  el trabajo, (desde aquí le denominaron que era una "MULA" para el trabajo) y  en el deporte, donde me tuve que conformar con llegar siempre de segundo en las maratones, ya que nadie le podía ganar, así corriera descalzo y jugara fútbol descalzo.  Sólo le gane una vez en el Filosofado (Filosofado, Don Diego, Filosofado).
Admiré mucho cuando él iba a pié con el Padre Octavio Pérez y otros compañeros al Salto del Buey  para realizar labor social y apostólica, cabe destacar que eran distancias demasiado largas lo que implicaba un gran sacrificio.

Recuerdo mucho que comparía con nosotros las ricas arepas de mote y demás fiambre que su familia le llevaba; y cuando realizábamos los Domingos las chocolatadas o (Paracheves) él era el primero en conseguir la leña en los campos y prender la hoguera para hacer el chocolate y luego engullirnoslo con otras deliciosas viandas.

NOVICIADO (1971)

Lo realizamos en LLanogrande, con la gran orientación del padre Ignacio Gutiérrez;  fue una hermosa experiencia y de acá recuerdo que en Semana Santa, nos enviaron a Condoto (Chocó) y allí sacamos nuestras dotes de Magos para recrear a los niños y jóvenes.  El se transformaba sacando su humor a flote y en el escenario hacíamos reír mucho a los niños y jóvenes con nuestros números de magia, improvisadas obras de teatro, concursos para los asistentes y música que no podía faltar.
(Para continuar la lectura, pique en: Más Información)

De Rodrigo Monsalve


Años  de  Salesianidad-    (Primera parte).

(Cuasi-parodia Macondiana)

Muchos años después, habíamos de recordar aquella tarde remota  en que nuestros padres nos llevarón  al Aspirantado allí conocimos  el hielo  que era bañarse en  el  lago a las 5 y media de la  mañana. La Ceja era entonces un pueblo  con más o menos   20 congregaciones religiosas, había monjas de clausura, jesuitas, salesianos,  Hermanos cristianos, Carmelitas descalzas, Hermanas del Buen Pastor,  Vocaciones Tardías de Cristo  Sacerdote, Hermanas  hospitalarias de Juan de dios, , Hermanas de Santa Ana…la más variada colección de curas y monjas jamás vista en Macondo.  Este mundo era reciente para nosotros muchos carecían de nombre y para mencionarlos les decíamos según su origen: Aranzazu, Pacorita, Valluno,  Marinillo, Uvita, Pachavita,  Guayabito, Santa Helena,  Envigado, Palmitas, Apía, Pantanillo, Tulueño, Guamuno,  …. Todos los sábados, a veces otros días, una familia  gitana que luego supimos se llamaba “la banda” llegaba con gran alboroto de  trompetas, tambores, flautas, clarinetes, cornos, sacabuches, tuba, saxofones, dirigida por un mago  sacerdote serio, pálido  sin parecido con el Melquiades de García Marquez, nacido en un pueblo de Boyacá, sabio  alquimista  a quien seguíamos fascinados por que según decía  todo es cuestión de despertar el ánima.  Buscaba seguidores entre los recíen llegados, los que cayeron bajo los efectos de esa pasión llamada música se encerraban o  en unos cuartos pequeños, cual laboratorio de José Arcadio Buendia a descifrar  partituras o llenaban le ambiente con monocordes sonidos en los patios, espantando los pájaros y ahuyentando a los perros.

Un sacerdote corpulento, de grandes manos, pelo hirsuto y una voz  delgada que no se compadecía con su físico oficiaba  en el difícil arte del comercio mediante unas finas maniobras convertía  lo poco en mucho, era un demiurgo, viajaba en un viejo camión todos los martes de madrugada, y a más del bastimento para tantas bocas, había  en fiestas y bazares unas frunas pegajosas de gran sabor junto con recortes  galletas y de más golosinas. Era la magia pura que  luego supimos llamarla milagro. Provenía de un lejano País, que nos mostraba en clases de geografía poniendo su manaza  sobre el mapa tapando toda Europa  y decía aquí  está Turín  cuna de esta comunidad de alquimistas de la juventud.

 Pasaron días  antes  comprender este mundo asombroso,  aún recuerdo el estreñimiento provocado por el descubrimiento de unas letrinas para equilibristas,  diseñadas  por lo Moros decían unos, otros que por Turcos. Cagar se convirtió en una  prueba más de la magia de aquellos años maravillosos.

De Luis Alberto Santacoloma

1- La definición de: MARINILLO DUQUE, la encuentro en la página 27 del diccionario de los afectos, resumida en pocas palabras:
  
 "Dícese de un hombre sencillo, poseedor de todos los atributos y virtudes que envidiarían aquellos que se consideran poderosos e importantes"

Luego vienen otras acepciones, como: amigable, trabajador, entusiasta, jocoso, guapo, trotamundo, hombre de fe, solidario.... y muy al final del texto (página 27) encuentro una que me llamó la atención:

"Se le dice también MARINILLO DUQUE a quien presenta cicatrices en alguna parte de su rostro"...
y Octavio la tenía en su nariz.

2- Las puestas en escena de comedias y dramas, le dio la oportunidad a casi todos los aspirantes de la época, a demostrar sus dotes de actores... (hoy seríamos Protagonistas de Novela..).
Yo tuve la oportunidad de pisar las tablas varias veces, con relativo éxito, pero lo que les voy a compartir sí me parece simpático:

Fui escogido a dedo y sin mediar "casting" alguno, para encarnar el personaje de detective, en una obra de cuyo nombre no me acuerdo.
No se que tan eficiente sería el investigador aquel, pero mis apariciones en escena se limitaban a dos en toda la obra y caracterizadas ellas, por lo escasas y pobres de parlamento.

Para la premier de la obra, que coincidía con alguna festividad importante del aspirantado, invité a mi familia, para que los que pudieran, se desplazaran desde pereira a disfrutar de mis logros sobre unas tablas rodeadas de telones y bambalinas.
Solicité además a mi padre un vestido "u cachaco que llamamos", para no tener que usar el genérico y dominguero azul oscuro con corbatica negra,que por ese entonces andaba más mareado que gabardina de celador...

Mis deseos fueron cumplidos y con cuatro miembros de mi familia, llegó un bonito traje café oscuro y corbata clara, cuidadosamente desempacado en la habitación nº07 del hotel turin, de la ceja.
(Para continuar la lectura, pique en: Más Información)

De Gonzalo Escobar


Lo de las avispas, que entretenimiento tan bueno. Hasta a mi me picaron en una mano. Era que nos manteniamos armados con cauchera. Y la cancha era la de las granjas infantiles. Yo era de los primeros en salir para la cancha y en el camino encontrabamos muchos avisperos. la primera piedra y el primer alboroto pero nosotros ya ibamos lejos . Cuando las alborotadas avispas salian les tocaba a los de atras. Victimas que me acuerdo El Padre Calle, que era nujestro asistente . El compañero pastuso que lo picaron en la frente y se le cerraron los ojos.

Qué tiempos aquellos!

De José Espinal


Al desgaire te cuento que el marinillo era la admiración por su resistencia física. Creo que nadie pudo ganarle una carrera y menos una trotada; a todos nos iba dejando regados a la vera del camino mientras seguía impávido, casi sin darse cuenta del trecho que nos llevaba.

Otra. Tuve ocasión de visitarlo cuando le hicieron una operación de pulmón, en el hospital San Vicente de Medellín. Allí recordamos algunos episodios cejeños y nos reímos de algunas pilatunas que estos queridos aspirantes le hacían al Sr. Espinal. Pero no se libraban de hacer oficios y llegar donde el ministro marinillo que con un sola mano hacía llorar esos trapiadoresque supuestamente venían superescurridas.
De su bondad y humildad y desprendimiento te darán cuenta otros contertulios
La última vez que quise saludarlo en el Sufragio se nos escapó, después de concelebrar en la fiesta de Don Bosco.